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viernes, 18 de abril de 2014

EL RETRATO DE DORIAN GREY. ENSAYO

Introducción

En esta obra de Oscar Wilde, el autor considera que el hecho de poseer belleza y juventud es sinónimo de poder y libertad porque al poseer juventud no tiene la obligación de estar ligados a los ideales que representa la vejez (como la madurez o la responsabilidad).
La obra refleja el ideal romántico de la juventud  y de la libertad, expresadas en la frase carpe diem, vita brevis; es decir, vivir al máximo el momento presente dentro de la propia libertad del ser humano.

Al ser eternamente joven, Dorian Grey no tiene que asumir las normas y las convicciones dictadas por la sociedad y por la edad: su juventud rechaza cualquier tipo de moral y de ética impuesta por las normas y convenciones sociales sino que, con la rebeldía propia de la juventud, se basa en sus sentimientos y sus parte instintiva, dejando a un lado la parte racional a la hora de realizar sus actos, sin importarle a priori las consecuencias. Al guiarse por sus sentimientos, Dorian Grey no se para a pensar y a reflexionar que toda acción tiene sus consecuencias y más al convivir en una sociedad. Es por ello que todas sus acciones, sean buenas o malas, quedan reflejadas en su retrato, una mirada física y psicológica de la persona.

Al mismo tiempo, Dorian Gray actúa, a lo largo de la obra, en contra de algunos deberes jurídicos, como cuando mata a su amigo Basil, pero, como consigue que la justicia no lo sepa, no se le impone ninguna sanción. Por ello, las consecuencias de ese acto pasan a ser las mismas que si hubiera infringido un deber moral, es decir, sufre fortísimos remordimientos, miedo, vergüenza, etc. Su conciencia, debido a todo esto pasa a dañar y empeorar su imagen en el cuadro, ya que éste es el reflejo de su espíritu. De dicha conciencia fluye lo que llamamos la culpa. La mancha que nos va desgarrando como podía hacerlo el paso del tiempo en el retrato de aquel bello Dorian Gray.

Otra de los temas tratados en la obra es el rechazo a todo tipo de moral y de ética: Kant ya lo había planteado en el siglo XVIII defendiendo la ética material frente a la escolástica (el deber por el deber) mientras que Nietzsche en su obra Así habló Zaratustra habla de la muerte de Dios como la ruptura de todas las convenciones morales anteriores, defendiendo el nihilismo y cómo el ser humano, empapado de dicho nihilismo, no tiene ninguna obligación moral y que responder por sus acciones ante unos valores éticos y morales impuestos por la sociedad.
Esta filosofía está presente el romanticismo, un movimiento cultural  que abarca la primera mitad del siglo XIX que surge como reacción al siglo anterior, el llamado Siglo de la Luces en la literatura y otras manifestaciones artísticas, y el siglo de la Ilustración en el ámbito de la filosofía.

Vivir bien o vivir mal

El ser humano puede decidir entre vivir bien o vivir mal. De hecho, vivir bien es una elección. Las personas no vivimos solas, y por ello, en nuestras decisiones, debemos buscar el equilibrio entre el bienestar personal y el colectivo, entre una ética individual y una ética colectiva. A menudo se observa que la reflexión ética se encuentra entre la conciencia de las personas y el derecho (conjunto de leyes que la comunidad se ha impuesto).

Dejando aparte las normas coercitivas del derecho, el ser humano tiene la libertad para actuar bien o actuar mal: esta libertad está presente en  todas las acciones que éste realiza y que dejan huella en su ser, es decir, en el alma. En el caso de Dorian Gray, todas las acciones, ya sean buenas o malas, quedan reflejadas en su retrato.

Otro de los puntos principales de la obra es el rechazo a la concepción determinista del mundo: el protagonista, desde su libre albedrío, toma sus propias decisiones: El protagonista se debate siempre en lo que tiene o no que hacer, si se fuma o no el primer cigarrillo, si se va o no de putas de camino al teatro para ver actuar a su prometida y ya en los confines de su dilatada moral si tiene o no que asesinar a un hombre para ocultar su secreto… Pero el resultado de esas decisiones no deja huella en su cuerpo sino en su alma, es decir, el retrato que le realiza Basil Hallward, a quien Dorian conoce a través de su amigo lord Henry.
Al tener absoluta libertad sobre sus actos, es necesario que los propios personajes tengan un autocontrol para evitar que las consecuencias de sus propios actos no les desborden y acaben con su propia existencia física.
El nuevo hedonismo es la filosofía de vida de Dorian Grey: él considera que el fin de su vida es buscar el placer sin ningún tipo de limitación, dejando que las consecuencias de sus actos hagan mella en su retrato. Pero, según las tesis de Oscar Wilde, es el hombre quien al fin y al cabo es el responsable último de sus actos.

EL HEDONISMO es una doctrina filosófica que considera al placer como la finalidad de la vida. Los hedonistas viven para disfrutar de los placeres de la vida, intentando evitar el dolor.

Todo lo que el hombre hace en su vida es un medio para conseguir otra cosa, en cambio, el hedonista lo único que busca es el placer en sí mismo, el placer de los sentidos.

En un sentido positivo el hedonista intenta satisfacer de manera moderada las necesidades que tenga su cuerpo, busca los bienes materiales que le dan seguridad y cultiva la amistad, el amor, las letras y las artes.

Puesto que la idea del placer puede ser subjetiva, existen tendencias dentro del hedonismo que dicen que no hay bien superior al placer y resaltan el placer del cuerpo en lugar de los placeres mentales. Otras en cambio, lo asocian con la paz y la calma. El fin en este caso no es obtener placer de manera inmediata sino reducir el deseo

En la actualidad se apuesta por el hecho de que hay que darle más importancia al ser que al tener. Esto supone disfrutar de las pequeñas cosas de la vida. Así, nuestra existencia debe ser tomada como la búsqueda del placer en la que el cuerpo es un aliado y en la que el tiempo es más importante que el dinero. 

La finalidad de la vida es el placer, el tiempo debe de estar destinado a disfrutar de todas las pasiones y gozar de emociones placenteras sin pensar si están bien o mal moralmente.
La crítica al hedonismo es una parte clave de la obra de Oscar Wilde: el retrato de Dorian Grey es el que envejece mientras que el protagonista se mantiene joven y bello. Este amor por la superficialidad, por las apariencias, por la sobrevaloración de la belleza cuando se asume que ésta es moral al mismo tiempo porque así lo parece provoca que Dorian Grey lleve una doble vida donde en una cara conviven el lujo, la elegancia y las buena formas y, por otro lado, un ambiente oscuro, depravado, donde convive lo más despreciable de la sociedad.

Ética y Justicia

Fernando Savater, en el primer capítulo de su libro Ética para Amador («De qué va la ética»), define la ética como «el arte de vivir, el saber vivir, por lo tanto el arte de discernir lo que nos conviene (lo bueno) y lo que no nos conviene (lo malo)».

Ello implica establecer una distinción entre lo que sea bueno y lo que sea malo desde el punto de vista ético, y si el bien y el mal éticos coinciden o no con lo que serían el bien y el mal en sí.
La ética tiene como objeto los actos que el ser humano realiza de modo consciente y libre (es decir, aquellos actos sobre los que ejerce de algún modo un control racional). No se limita sólo a ver cómo se realizan esos actos, sino que busca emitir un juicio sobre estos, que permite determinar si un acto ha sido éticamente bueno o éticamente malo.

Toda acción humana tiene sus claroscuros: las acciones que realiza Dorian Grey desde su propia libertad no tienen una carga determinada. Lo que el protagonista considera que está bien y lo ejecuta, es bueno según su perspectiva mientras que la sociedad lo tacha como inapropiado o alejado de la justicia.

Por tanto, a pesar de que lo ideal sería que el hombre encontrara su propia libertad y su propia felicidad a través del bien, no podemos dar una definición universal y absoluta de qué está bien: Aunque podamos afirmar que existen unas acciones que la sociedad aprueba y acepta como buenas, no podemos deducir que éstas lo sean en sí mismas ya que, al igual que la sociedad, pueden sufrir una evolución histórica y social que, o bien, mantenga que esa idea es buena o que cambie de postura radicalmente.

La moral kantiana, universal, abstracta y racional guía los presupuestos filosóficos de este modelo. Kant planteó que el fin de la razón es abrir al individuo el camino hacia el mérito haciéndole responsable. La primera premisa es por lo tanto hacer lo que se debe porque se debe, no por los resultados de las acciones ni por el deseo o las inclinaciones. Por lo tanto lo que el individuo ha de hacer es regular su conducta siguiendo leyes universales. La doctrina kantiana rechaza así la postura de Hume y otros empiristas que establecen que las leyes morales surgen de los sentimientos y no de la razón: los empiristas afirman que el ser humano es un animal que se guía por los instintos (como hace Dorian Grey en la obra. Él se guía según sus pasiones y sus sentimientos, sin reparar en las consecuencias que ello conlleva por trágicas que resulten para el individuo como el suicido o el asesinato).

En la obra de Oscar Wilde, Dorian Gray actúa, a lo largo de la obra, en contra de algunos deberes jurídicos, como cuando mata a su amigo Basil, pero, como consigue que la justicia no lo sepa, no se le impone ninguna sanción. Por ello, las consecuencias de ese acto pasan a ser las mismas que si hubiera infringido un deber moral, es decir, sufre fortísimos remordimientos, miedo, vergüenza, etc.

Su conciencia, debido a todo esto pasa a dañar y empeorar su imagen en el cuadro, ya que éste es el reflejo de su espíritu. De dicha conciencia fluye lo que llamamos la culpa. La mancha que nos va desgarrando como podía hacerlo el paso del tiempo en el retrato de aquel bello Dorian Gray.

La libertad y el rechazo a la Norma

Nietzsche en su obra La Gaya Ciencia es el que mejor expresa su idea de la muerte de Dios: “¿No habéis oído hablar de ese hombre loco que, en pleno día, encendía una linterna y echaba a correr por la plaza pública, gritando sin cesar, “busco a Dios, busco a Dios”? Como allí había muchos que no creían en Dios, su grito provocó la hilaridad. “Qué, ¿se ha perdido Dios?”, decía uno. “¿Se ha perdido como un niño pequeño?”, preguntaba otro. “¿O es que está escondido? ¿Tiene miedo de nosotros? ¿Se ha embarcado? ¿Ha emigrado?” Así gritaban y reían con gran confusión. El loco se precipitó en medio de ellos y los traspasó con la mirada: “¿Dónde se ha ido Dios? Yo os lo voy a decir”, les gritó. ¡Nosotros lo hemos matado, vosotros y yo! ¡Todos somos sus asesinos! Pero, ¿cómo hemos podido hacer eso? ¿Cómo hemos podido vaciar el mar? ¿Y quién nos ha dado la esponja para secar el horizonte? ¿Qué hemos hecho al separar esta tierra de la cadena de su sol? ¿Adónde se dirigen ahora sus movimientos? ¿Lejos de todos los soles? ¿No caemos incesantemente? ¿Hacia adelante, hacia atrás, de lado, de todos lados? ¿Hay aún un arriba y un abajo? ¿No vamos como errantes a través de una nada infinita? ¿No nos persigue el vacío con su aliento? ¿No hace más frío? ¿No veis oscurecer, cada vez más, cada vez más? ¿No es necesario encender linternas en pleno mediodía? ¿No oímos todavía el ruido de los sepultureros que entierran a Dios? ¿Nada olfateamos aún de la descomposición divina? ¡También los dioses se descomponen! ¡Dios ha muerto y nosotros somos quienes lo hemos matado! ¿Cómo nos consolaremos, nosotros, asesinos entre los asesinos? Lo que el mundo poseía de más sagrado y poderoso se ha desangrado bajo nuestro cuchillo. ¿Quién borrará de nosotros esa sangre? ¿Qué agua podrá purificarnos? ¿Qué expiaciones, qué juegos nos veremos forzados a inventar? ¿No es excesiva para nosotros la grandeza de este acto? ¿No estamos forzados a convertirnos en dioses, al menos para parecer dignos de los dioses? No hubo en el mundo acto más grandioso y las futuras generaciones serán, por este acto, parte de una historia más alta de lo que hasta el presente fue la historia. Aquí calló el loco y miró de nuevo a sus oyentes; ellos también callaron y le contemplaron con extrañeza. Por último, arrojó al suelo la linterna, que se apagó y rompió en mil pedazos: “He llegado demasiado pronto, dijo. No es aún mi hora. Este gran acontecimiento está en camino, todavía no ha llegado a oídos de los hombres. Es necesario dar tiempo al relámpago y al trueno, es necesario dar tiempo a la luz de los astros, tiempo a las acciones, cuando ya han sido realizadas, para ser vistas y oídas. Este acto está más lejos de los hombres que el acto más distante; y, sin embargo, ellos lo han realizado.”
Esta idea de Nietzsche está también presente en la obra de Oscar Wilde: al haber muerto Dios, no existe ningún tipo de norma moral que coaccione los actos del ser humano. Dorian Gray se mueve según sus propias convicciones y su propia moral. De hecho, en los diálogos no existe ninguna referencia a la moral cristiana pero si encontramos numerosas referencias a la mitología grecorromana, otra idea también planteada por Nietzsche como la visión dionisiaca y apolínea del mundo, siendo éstas la parte instintiva y la parte racional, respectivamente.

La visión panteísta de la obra es otra de las claves del libre albedrío: Dorian Gray no se rige por la moral cristiana sino por una idea hedonista del mundo; por tanto, no está atado a las convenciones morales cristianas tales como el puritanismo, las formas, las apariencias, el temor a Dios…

A pesar de la negación del cristianismo, Dorian no tiene, hasta cierto punto, intimidad ni libertad. Dorian es una especie de copia, de “perrito faldero” de lord Henry, por lo que no es único. Como todo lo que hace se basa en lord Henry, podría considerarse que tampoco posee libertad. Estos son los principales impedimentos que encuentra Dorian para desarrollarse plenamente como persona, ya que existe una libertad de elección por parte de Dorian Grey basándose en la vida que lleva Lord Henry, pero no existe una libertad que nazca del propio Dorian grey y que sea inmanente a su persona.

La obra indica, también, que no existe una visión única de la realidad pues la vida y la realidad son complejas y subjetivas, y, por tanto, no se puede aceptar una verdad impuesta por la sociedad como la única forma de vida correcta: Esta afirmación es un claro alegato a la libertad y al individualismo.

Sin embargo, esta libertad no es absoluta, ya que el ser humanos, al vivir en sociedad, sufre limitaciones de su propia libertad que pueden entrar en conflicto con la libertad de sus semejantes: está condicionado por la sociedad.

Como dijo Ortega y Gasset, yo soy yo y mis circunstancias; pero el ser humano es un animal social que necesita de sus semejantes para suplir las carencias que posee como individuo, tales como los sentimientos (amor, respeto, confianza, amistad…)  y los recursos que garanticen su propia historia y supervivencia.

A pesar de que Oscar Wilde promueve una construcción propia y personal de la vida y de la verdad, el autor también advierte de las responsabilidades  que deben de tener los sujetos sobre sus acciones y sus actos: la repetición continua de nuestros hábitos (ya sean vicios o virtudes) construyen nuestra realidad, por tanto, se ha de evitar caer en la tentación de crear hábitos, pues, en la medida que éstos vayan apareciendo, nuestra libertad se verá limitada.

De ahí que “El retrato de Dorian Gray” sea (entre otras cosas) un apasionado canto a la vida, un alegato a favor de la libertad y de la autorrealización; ya que indica que el hombre libremente, mediante sus actos, crea su propia vida y teje su propio destino. Este destino tiene una parte amable reflejada en las virtudes, ya que, al obrar bien, éstas aumentan y, por consiguiente, refuerza nuestra libertad. Por el contrario, los vicios también quedan reflejados en el retrato,  mostrando un lado menos amable, una exposición de la vanidad y los funestos efectos que pueden llegar a tener sobre el alma humana.

El uso de la libertad de elección conduce a su desarrollo y realización concretos: El uso del libre arbitrio produce costumbres y hábitos, cuya importancia quedó ya señalada. Asimismo,  existen una clase de hábitos propios del carácter: éstos están en parte producidos por el conjunto de la síntesis pasiva y el primer aprendizaje. Sin embargo, en su formación interviene también, y decisivamente, la libertad de elección. También se dijo que la naturaleza humana radica en un desarrollo de la persona, tal que permita alcanzar los fines de nuestras facultades inteligentes: la naturaleza se perfecciona con los hábitos, porque éstos hacen más fácil alcanzar los fines del hombre. La naturaleza humana radica en la capacidad de perfeccionarse hasta alcanzar su fin.

Por tanto, el hombre se perfecciona a sí mismo desde dentro, mediante su libertad. Sin embargo, a pesar de que el hombre construya su realidad no será libre, ya que la conversión de las emociones en hábitos, aunque sea desde la propia libertad, pueden transformarse en vicios o virtudes que construyan una nueva realidad, pero eso no conlleva que el hombre, dentro de esa realidad, sea libre.

A pesar de que la repetición de buenos hábitos pueda beneficiar moralmente al ser humano, ésta acabará convirtiéndose en una rutina, evitando la parte negativa.
Esta afirmación que, aunque a priori, es conveniente para el ser humano no deja de ser una negación de la libertad de éste porque el ser humano también puede elegir hacer el mal libremente, a pesar de que esto suponga su autodestrucción y, como en el libro de Oscar Wilde, su muerte.

Como dijo Jean Paul Sartre: “libertad es evitar los hábitos”.
Sin embargo, esta libertad es imposible ya que el ser humano, al ser un ser imperfecto, caerá inevitablemente en ciertos hábitos que pueden convertirse en vicios o virtudes, que acabarán esclavizándolo en función de que el fin sea bueno o malo.
En función del fin, el ser humano caerá siempre en vicios o virtudes, que acabarán convirtiéndose en hábitos de su propia vida.

La libertad como virtud 

Ahora podemos añadir que el fortalecimiento de la capacidad humana puede ser llamado virtud, que es un hábito positivo, una «facilidad» para elegir lo conveniente: el que tiene «virtud» es el que tiene «fuerza», «fortaleza» Para actuar de un determinado modo, y en consecuencia es superior y más excelente. La virtud es, por tanto, un fortalecimiento de la voluntad, el rendimiento positivo de la libertad. Gracias a ella, uno adquiere una fuerza que antes no tenía y por tanto puede hacer cosas que antes parecían imposibles. Esto se ve con claridad en la virtud física que se consigue mediante un entrenamiento deportivo que permite batir récords. El entrenamiento permite adquirir una fuerza que produce facilidad para el esfuerzo .Esta ampliación de la capacidad humana también se da en otro tipo de acciones y en el terreno moral: hay «virtud técnica», habilidades y destrezas aprendidas, «virtud intelectual», como el saber una cosa u otra, y «virtud moral», hábitos de conducta que producen en armonía y equilibrio en el alma, que evitan excesos y defectos, y que permiten, sobre todo, aspirar a bienes más arduos, más lejanos, cuya consecución exige tiempo y esfuerzo. Sin las virtudes morales el hombre está debilitado para emprender la búsqueda y conquista de bienes arduos.

La virtud consiste en estar entrenado para lo arduo y lo valioso. Este entrenamiento y facilidad se convierten en una ganancia de tiempo, porque permiten hacer antes, mejor, con más seguridad y menos desgaste las tareas y las acciones que correspondan. Por eso, la ética, que mira a la adquisición de las virtudes, es «un modo de ganar tiempo» en el camino hacia la libertad.

Por tanto, el fin de las virtudes del ser humano es llegar a la libertad.

Conclusión

Oscar Wilde refleja en su obra los ideales del romanticismo: en este caso particular, la libertad del ser humano y cómo el ejercicio de la misma deja huella en nuestras acciones y en nuestra personalidad.

Al igual que Dorian Grey, las buenas acciones pintarán un buen retrato de nosotros donde se realcen nuestras virtudes y crearán una mala obra de arte cuando actuemos movidos por nuestros vicios.

A nivel psicológico, los seres humanos actuamos siempre libremente, ya sea haciendo buenas acciones o realizando malas. Estas acciones acabarán dejando huella y creando nuestra personalidad, pero se cimentarán sobre nuestro libre albedrío porque el ser humano tiene la oportunidad de tomar sus propias decisiones y ser consecuente con sus actos y acciones.
En conclusión, los seres humanos siempre actuamos libremente, ya sea guiados por nuestros sentimientos o por nuestra parte racional, pero eso no indica que estemos realizando objetivamente el bien.



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